Día del periodista: UTC, una respuesta colectiva para tiempos difíciles

En un contexto marcado por la precarización laboral, la aceleración de las noticias, las fake news y los ataques a la prensa, quienes hacemos Uno Tres Cinco nos preguntamos qué significa ejercer este oficio. Las miradas que comparten la convicción de que es una forma de vida y una herramienta para construir una sociedad mejor.


El 7 de junio celebramos el Día del Periodista y recordamos la aparición de la Gazeta de Buenos Ayres, el periódico fundado por Mariano Moreno en los días de la Revolución de Mayo. Más de dos siglos después, el oficio enfrenta nuevos desafíos, aunque muchas de sus dificultades resultan conocidas para varias generaciones de trabajadores de prensa.

Salarios bajos, pluriempleo, precarización, violencia, noticias falsas, inteligencia artificial, urgencia permanente y un clima cada vez más hostil hacia el trabajo periodístico aparecen en las reflexiones de quienes integramos Uno Tres Cinco. Sin embargo, junto a esas preocupaciones también surge otra idea. La de una actividad que se resiste a desaparecer, que conserva la necesidad de preguntar, de verificar, de comprender y de contar.

Las miradas que siguen hablan de los problemas del presente, pero también de la decisión de no resignarse. Entienden al periodismo como una forma de vida y que hay una necesidad de construir herramientas colectivas para defender el derecho a la información. En definitiva, hablan de la convicción de que todavía vale la pena hacer periodismo y de que los tiempos mejores no se esperan: se construyen.

Las palabras surgieron de la pregunta que nos hicieron: ¿qué es hacer periodismo en este contexto?. Como no podía ser de otra manera, Riso -nuestro conductor que no nos hace olvidar de la calle cuando estamos en el palacio- se rebeló y respondió sobre lo que considera que es Uno Tres Cinco. 

Por Riso Balvidares 

Es un proyecto colectivo que tiende a potenciar el trabajo periodístico individual de sus integrantes. Surgió como un desafío para reivindicar el trabajo periodístico de la rosca bonaerense y con el deseo de poder solventar económicamente nuestro más profundo objetivo: contagiarnos, y en lo posible contagiar también a nuestro entorno, la manera más romántica de hacer comunicación, con la responsabilidad de chequear fuentes y hablar con los actores que definen la política en la provincia de Buenos Aires.

En un contexto en el que hacer periodismo y hacer comunicación resulta cada vez más difícil, donde la inmediatez muchas veces le gana a la verificación de la información y donde pareciera que la vocación estuviera devaluada, apostamos por volver al valor de la palabra, de las fuentes y del trabajo periodístico como herramienta para comprender la realidad.

El objetivo está en el derecho a la información: el derecho a buscarla, recibirla, procesarla y colectivizarla.

Por Belén Bartoli

En tiempos libertarios, de violencia de todo tipo y con la difusión constante (y planificada) de fake news, ejercer el periodismo se vuelve mucho más complejo, difícil y sensible. Los salarios actuales de los y las periodistas, en su gran mayoría, están por debajo de la línea de pobreza; y la pluralidad de trabajos desgastan la calidad informativa. 

Las denuncias contra periodistas de distintos medios, siendo el propio Presidente el impulsor, muestran una clara intención política de coartar la libertad de expresión. Tanto para ustedes como para nosotros. 

No son tiempos agradables, son tiempos de trinchera. Desde allí, el periodismo (debe) florece(r) con mayor precisión que nunca. Son tiempos para repensar lo que sí funciona y lo que no. Y, como pequeño aporte, el trabajo colectivo por sobre el individual – siendo el periodismo una profesión tan personal – podría ser un posible horizonte para salir de este oscuro momento que se vive en Argentina.

La violencia cotidiana pasará. Pero pasará si volvemos a marcar los límites tan desdibujados (a propósito) en estos tiempos libertarios que instalan algoritmos falsos, videos realizado por la IA alejados de la realidad y una desnotación por goteo y cotidiana hacia esta profesión. 

Luchar, informar, debatir. Preguntar, repreguntar, escribir, contar, analizar. No claudicar y no callar. Pedir lo imposible se vuelve obligatorio. En eso estamos este día del Periodista. 

Por Facundo Cottet

Cada vez me resulta más complejo construir una referencia sobre “El día del periodista”. Vamos a la consigna: creo que en este contexto, en el anterior, el anterior del anterior y en el que vendrá hacer periodismo tiene más o menos la misma esencia. Cambia lo accesorio, lo que está alrededor. Siguen más o menos los mismos problemas salariales, la vida tetris, la demanda. Los intereses empresariales y gubernamentales. Las reglas del juego que aceptamos jugar. Sigue la lucha para mejorar eso. Sigue -por suerte- lo humano. Cruzarse con gente: alguna se convierte en amiga, otra es olvidable. Perdón por la auto referencia -el mal de todo periodista que se ejemplifica con muletillas del tipo “me cuentan que”- pero en el cruce de personas salió esto que sintetiza UTC.

En estos tiempos tenemos una nueva amiga-enemiga que se llama IA. Spoiler: No va a suplantar al periodismo. Penetra cada vez más? Sí. Nos ganará? Me niego a esa idea. 

Está semana terminé de leer la novela Chanchos en la Ruta, de Matías Moscoso. Justo cuando faltan días para el Día del Periodista y para que sea su cumpleaños. En buena parte, por el periodismo, Matías terminó siendo mi amigo. Estuve seis años sentado al lado de él. En su novela habla de todo lo que nos pasa a quienes pisamos los 40 e intentamos ser periodistas. Podríamos hacer otra cosa? Difícilmente. El oficio siempre estuvo y está ahí, nos define. Hace poco, Matías fue a Uno Tres Cinco y habló de su novela. Llevó libros dedicados en puño y letra. Casi un acto de resistencia. Creo que eso también es parte del contexto. 

Olvidé la consigna de esta nota. La voy a pasar por la IA para que la haga por mí. 

Pero si en realidad ya la escribió ella y estas líneas no son más que un prompt del tipo “escribe una semblanza sobre el día del periodista en el que se haga referencia a cómo lo atraviesa Facundo Cottet? No creo. Seguro lo haría mejor. 

Feliz día.

Por Magdalena López Pacheco

Es la tercera taza de té que me tomo, esperando a que me respondan las fuentes. Con tres estamos, dice una de las reglas del periodismo, poco común en estos tiempos de redes sociales e inmediatez, mientras pienso en las respuestas de un jefe alocado por tener en tapa la noticia: “Que salga así”, “pone noticia en desarrollo y vamos viendo”, “ya la publicó el otro medio, subí lo que tengas”. Y todo por el módico precio de un salario por debajo de la línea de la pobreza. 

Al costado, tengo la consigna de mi compañero para esta nota: “¿Qué es hacer periodismo en este contexto?”. A lo largo de la historia, hacer periodismo siempre fue complejo, pero el de hoy es un poco lo que relataba en el párrafo anterior: Precarización laboral, pluriempleo, violencia, insultos y persecución del Gobierno nacional, los despidos y el cierre de las corresponsalías de Télam, la decisión del Gobierno provincial de achicar la histórica Sala de Periodistas de la Casa de Gobierno y la medida del Senado bonaerense de cerrar el Palco de periodistas, espacios importantísimos para ejercer nuestra profesión, en un contexto de extrema derecha, que bajo la consigna disfrazada de “La Libertad”, censura nuestra libertad de expresión, y la de la sociedad el derecho de estar informado. No me quiero olvidar tampoco de la intención del Gobierno nacional de eliminar el Estatuto del Periodista.

Pero la cosa se lleva. Y el llevarla pienso que también es buscar y encontrar otros caminos para reivindicar la profesión que uno eligió como vida. En el anhelo y la lucha constante, no sólo de que se respeten nuestros derechos laborales sino también pensar en un periodismo con tiempo. El periodismo necesita tiempo para pensar, para debatir, para preguntar, para investigar y para escribir. Ese tiempo hoy está siendo interrumpido por la urgencia del algoritmo y de las empresas de comunicación por querer llegar a la primicia. Ni hablar del mundo de las noticias falsas y la Inteligencia Artificial, que nos obliga a trabajar más en nuestro compromiso con el periodismo. 

Soy un poco fan del concepto “volver a la bases”. Pienso que es posible, desde nuestros espacios, disputar el periodismo que queremos ejercer. Por eso Uno Tres Cinco, que nació con esas inquietudes y debates, de continuar comprometiéndonos con nuestra profesión, esa que más allá de todo lo negativo es la que elegimos día a día porque la amamos y porque, en mi caso, no sabría hacer otra cosa. 

En nuestro día disfrutemos y no dejemos de reencontrarnos. 

Por Macarena Ramírez

Hacer periodismo es una forma de vida. Nunca fue fácil, hay que decirlo. Y hablo de periodistas, no de operadores políticos multimillonarios. Pero vuelvo, la profesión que elegimos nunca fue fácil de ejercer, es difícil conseguir tu primer trabajo, y es difícil que lo que te pagan te alcance para vivir, siempre lo fue, hoy es peor. La profesión está más precarizada que nunca. Se combina la histórica deuda de periodistas mal pagos con un contexto económico acuciante debido a un modelo libertario que ajusta de forma deshumanizada.

El pluriempleo es una realidad, y un problema grave. No solo porque reduce las vidas de las personas a trabajar desde que se levantan hasta que se acuestan para poder llegar a fin de mes privándolas de su derecho al goce y la recreación, sino que además, particularmente en esta profesión, el agotamiento y la necesidad de llegar con todo, y estar en todos lados al mismo tiempo conspira con la calidad de nuestro trabajo. Muchos hacemos el mayor esfuerzo, no siempre sale.

Pero no solo el contexto particular de la Argentina complica la profesión, sino también los avances tecnológicos acelerados, el mundo de la redes sociales, el crecimiento bestial de la Inteligencia Artificial, la inmediatez, las fake news, las necesarias nuevas formas de contar la realidad. Pero es ahí también donde el trabajo de cada uno de nosotros cuenta. Porque en épocas donde lo impersonal es la regla el valor de la palabra construida a través de un nombre, a través del tiempo, de trabajo serio, cuenta, importa.

Y al final de cuentas, en medio de tanto ruido, tanta precarización, y una vida acelerada y difícil uno encuentra las maneras de comunicar con calidad, compromiso y de forma colectiva. Uno Tres Cinco es una muestra de eso. Con un grupo de colegas intentamos, no sin dificultades, crear un espacio donde sentirnos cómodos, cooperativo, abierto a nuestros colegas, donde poder ejercer el periodismo con libertad y compromiso. 

No son tiempos fáciles, menos con un gobierno nacional que insulta y desprecia la profesión y a los y las periodistas, los persigue y los califica de “asesinos” o “basuras inmundas”. Pero nunca fue fácil, y los gobiernos pasan y nosotros quedamos, porque ser periodista es una forma de vida, pase lo que pase, venga quién venga.

Por María Belén Robledo 

Una confesión: Hace dos semanas atrás me dije “Ya fue, dejo todo, ¿merece la pena un trabajo?” repetido al menos 10 veces en el mismo día, mientras se me caían las lágrimas en el hall de la Gobernación y un ministro interrumpía mi llanto casi infantil. Lloraba al sentir frustración por notas que no me salían o cosas que me preguntaba si tenía sentido contar o, mejor, cómo hacerlo. 

A los pocos días, el mensaje totalmente inesperado de un colega con el que no hablo a diario ni tenemos tanta confianza me hizo ubicar los patos en la fila. “Es una profesión mezquina, de egos ácidos”, me dijo L. y me dejó recalculando todo el fin de semana.

La verdad es que no podría ser otra cosa. Este trabajo no es un trabajo cualquiera, es parte de la personalidad. Podría estar atrás de un mostrador como estuve muchos años, en una oficina o reponiendo góndolas y no voy a dejar de ser periodista. Y estoy orgullosa de que la profesión me defina, especialmente por la tranquilidad de saber que lo poco, mucho o más o menos que logré fue sin regalos ni sobres.

Nos merecemos bellos milagros. Y ocurrirán. Feliz día, periodistas.

Por Andrés Sosa

La respuesta más sincera que puedo dar es que no sé si este contexto es tan distinto de otros. Desde que tengo memoria en esta profesión escucho hablar de salarios bajos, precarización, pluriempleo y de la necesidad de hacer malabares para llegar a fin de mes. Cambian los gobiernos, las tecnologías y las plataformas, pero hay problemas que parecen acompañar al periodismo desde hace demasiado tiempo. Por supuesto me resisto a tener una mirada derrotista y me inclino a pensar que nada se cambia sin esfuerzo.

Por eso tampoco creo que la discusión pase solamente por el diagnóstico porque ya sabemos cuáles son las dificultades y las vivimos todos los días. Una pregunta que también puede ayudar es qué hacemos frente a ellas.

Pienso que Uno Tres Cinco nació como una respuesta a ese interrogante. Quizás por intuición, no lo sé. Nació porque un grupo de periodistas decidió ensayar una herramienta propia para ejercer el periodismo de la manera en que cree que debe hacerlo. Con compañerismo, con solidaridad y con la posibilidad de tomar nuestras propias decisiones. Acá los aciertos son nuestros y también los errores. Lo bueno y lo malo nos pertenece.

Siempre pensé que el periodismo es mucho más que un trabajo y considero que es una forma de mirar el mundo. Una forma de vincularse con los demás, de entender la realidad y de intervenir sobre ella. Por eso me resulta difícil imaginar una vida completamente alejada de esto. Uno puede cambiar de medio, de sección o de rutina, pero lo que cuesta abandonar es esa necesidad de preguntar, de comprender y de contar.

También creo que vale la pena recuperar algunas enseñanzas de quienes nos precedieron. Muchos periodistas dejaron su vida en la búsqueda de una sociedad más justa. La dictadura intentó silenciarlos porque entendía perfectamente el valor de la palabra, de la información y de las ideas. No se trata de mirar el pasado con nostalgia sino de recuperar esa convicción de que la comunicación puede ser una herramienta para transformar la realidad.

Cada época construye sus propias herramientas y las generaciones anteriores tuvieron las suyas. A nosotros nos toca inventar las nuestras. Uno Tres Cinco es, en alguna medida, parte de esa búsqueda. Un intento de aportar, desde nuestro lugar, a la construcción de una sociedad mejor y de un periodismo más libre, más solidario y más humano.

Estoy totalmente convencido de que vendrán tiempos mejores y cuando lleguen será porque hubo quienes no se resignaron a esperar y decidieron empezar a construirlos.