La madrugada en que el peronismo se rompió

Hace un año, Fuerza Patria implosionaba en un intento por definir los nombres para una elección legislativa. Cortes de luz a demanda, listas paralelas y una rosca imposible entre festejos por el Día del Amigo.

Ese helado sábado de julio la tensión en el peronismo era extrema. Axel Kicillof y Cristina Kirchner no conseguían encauzar acuerdos mínimos para armar la elección legislativa en la provincia de Buenos Aires. El gobernador y la expresidenta cruzaban llamados entre La Plata y el departamento de San José 1111.

La alianza Fuerza Patria debía llegar a un consenso para definir los nombres de los candidatos de una elección desdoblada en la que se elegirían legisladores y concejales. El eje de la discusión estaba en los primeros lugares de las listas del conurbano.

Durante algunos minutos las conversaciones entre La Plata y el departamento de Constitución se interrumpieron. Mariano Cascallares estaba en una de las salas contiguas al despacho de Kicillof cuando recibió el llamado de Patricia García Blanco, una de las apoderadas de Fuerza Patria y muy cercana a Cristina.

“Vamos a disolver la alianza. Necesito que vengas a firmar”, le dijo. Lo que  tantas veces se había pronosticado, ahora era un hecho: el peronismo se rompía en su principal bastión.

Cascallares cortó y corrió a consultar con Axel. Fue un momento dramático. Quienes estaban en la sala cruzaron miradas y quedaron en silencio. Sólo se escuchaba de fondo, muy lejos, la música de los bares que rodean la Casa de Gobierno.

Es que al mismo tiempo que el peronismo atravesaba un momento límite, la gente común festejaba el Día del Amigo. “Onda, Onda. Buena onda”, sonaba mientras Kicillof tomaba coraje para avanzar con una jugada política que definiría, quizás, su carrera a la presidencia.

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Pocas veces en la historia reciente, la Casa de Gobierno fue el escenario de un cierre de listas. La decisión de utilizar el palacio de calle 6 tenía para Kicillof un objetivo muy claro: afirmar su centralidad dentro del peronismo.

Ese día decenas de dirigentes peregrinaron hacia ese edificio ubicado en el eje fundacional de la capital provincial. Axel todavía masticaba bronca del cierre de 2023, cuando Máximo Kirchner y Martín Insaurralde lo llamaron para firmar su candidatura a la reelección. Ese día lo hicieron esperar durante toda la tarde hasta que, sobre el cierre, le pidieron que vaya a la residencia oficial del Jefe de Gabinete. Cuando llegó tuvo que tocar timbre, rodeado de periodistas. Adentro le mostraron las listas seccionales ya completas. “Vos firmá acá”, le dijeron. 

Esta vez, Kicillof quería tener el control. Esos muros y despachos de Casa de Gobierno eran la fortaleza en la que se sentía más cómodo para encarar la negociación.

Por la tarde, los principales actores empezaron a llegar al palacio. El gobernador y sus armadores políticos más cercanos estuvieron en su despacho y las salas contiguas. Muy cerca, en una sala con ventanales enormes hacia calle 51, estuvieron Facundo Tignanelli y Mayra Mendoza. Máximo acusó ese día una intervención odontológica y no estuvo en La Plata.

Sergio Massa se instaló en la residencia del presidente de la Cámara de Diputados bonaerense, ubicada apenas a tres cuadras de la Casa de Gobierno. En tanto, un sector del peronismo vinculado a los intendentes hizo base en una casona que alquiló Alejandro Dichiara a pocos metros de allí, en la esquina de 4 y 54.

Dentro de Casa de Gobierno el axelismo jugaba de local. El gobernador tenía preparada una jugada que sólo se entendería algunos días después del cierre: ubicó en el Salón Dorado a docenas de intendentes y dirigentes del Movimiento Derecho al Futuro, que habían llegado desde distintos puntos de la provincia.

A las 19.35, esos dirigentes recibirían la orden de pasar a la acción.

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Las diferencias entre Kicillof y Cristina arrastraban meses. A fuerza de ninguneos y desplantes, el gobernador había empezado a desmarcarse de la jefatura política que lo llevó a comandar la provincia de Buenos Aires. Luego consiguió dar forma a su propia línea interna dentro del peronismo bonaerense: el Movimiento Derecho al Futuro (MDF). Su próximo movimiento sería desdoblar la elección en el territorio bonaerense.

Kicillof planteaba que votar el mismo día con dos sistemas diferentes era imposible. Decía que la cantidad de electores -unos 13 millones- hacía inviable implementar al mismo tiempo la Boleta Única y la tradicional papeleta partidaria.

Cuando la intención de Kicillof de desdoblar ganó espacio en los portales, fue la propia Cristina Kirchner quien se plantó en una reunión del PJ en Moreno y le advirtió en público del riesgo de un desdoblamiento. Ese aviso no tuvo efecto en el gobernador.

En abril había que tomar decisiones. El domingo 6 se organizó una cumbre en una vieja casona donde Julio Alak realiza desde hace años reuniones políticas. Eran días de negociaciones pesadas y Kicillof rompía su máxima de destinar los domingos a la familia para encerrarse durante largas horas a discutir el desdoblamiento de la elección bonaerense.

El encuentro duró unas ocho horas y tuvo en la misma mesa a Máximo, que llegó con Mayra y Tignanelli. También estuvo Sergio Massa, acompañado por Alexis Guerrera. El intendente de Lomas de Zamora, Federico Otermín, ocupó otra silla. El gobernador llegó a ese lugar ubicado a metros de la Catedral de La Plata junto con sus ministros Carlos Bianco y Agustina Vila.

La Cámpora seguía la línea de Cristina y argumentaba sobre los riesgos que traería separar la elección para el peronismo. Massa aportaba la tercera posición: desdoblar, pero para noviembre, después de las elecciones nacionales y usar el tiempo a favor.

Todo eso terminó casi a la medianoche sin llegar a un acuerdo. Se acordó no filtrar la reunión a la prensa, aunque en ese momento ya varios periodistas sabían que el cónclave había fracasado.

Además, se pactó una nueva reunión que nunca ocurriría, toda vez que al día siguiente Kicillof cortó por lo sano y anunció que la elección en la provincia sería el 7 de septiembre, casi 50 días antes que la elección nacional.

En junio llegó el fallo que condenó a Cristina a seis años de prisión e inhabilitación perpetua a ejercer cargos públicos. La decisión de la Corte fue un sacudón para todo el peronismo y agigantó las tensiones entre el núcleo kirchnerista y Kicillof.

Julio marcaría el sprint final de las definiciones. El 9 se debía acordar una alianza electoral y el 20 cerrar las listas. Por esos días la desconfianza era extrema. Días más tarde, Máximo convocó a una cumbre del PJ bonaerense en la Quinta de San Vicente.

Dentro del quincho surgieron diferencias sobre dónde hacer el Congreso que debía formalizar la alianza. El kirchnerismo propuso que sea en Merlo, pero el axelismo quería hacerlo en La Matanza. Gabriel Katopodis subió el tono de su voz, dijo hablar en nombre del gobernador y buscó imponer el territorio de Espinoza.

Eso irritó a Máximo: “Bueno, hacelo en La Matanza así podés ganarle a La Cámpora como decías en el videíto”. Katopodis buscó esquivar esa polémica. “Boludo, no te calentés por ese video”, le respondió, pero el tono sacó a Máximo: “A mí no me decís boludo”, le dijo y avanzó sobre el ministro. Tuvieron que interceder para que no se vayan a las manos.

El video era un recorte de una recorrida de Kicillof y Katopodis por Salto en el marco de las inundaciones que golpearon a la ciudad. Allí se ve al ministro de Infraestructura conteniendo al intendente, Ricardo Alessandro. “Vamos a salir de ésta. Vamos a salir de todas. Y vamos a ganarle a La Cámpora”, le dijo.

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Por la tarde de ese sábado de julio, el gobernador caminó los metros que separan la residencia oficial de su despacho sabiendo que iba a encarar una negociación muy larga. Su objetivo era claro: quedarse con el primer lugar en las listas de la Primera y Tercera Sección. El resto de las listas era negociable.

Tenía dos nombres: Gabriel Katopodis para encabezar la lista de la Primera, y Verónica Magario para la de la Tercera. El ministro de Infraestructura y su vicegobernadora serían los jefes territoriales de la elección en los distritos que concentran la mayor población de la provincia.

Sin Máximo en el lugar de los acontecimientos, Cristina envió muy temprano a Tignanelli. Las cámaras de los periodistas acreditados lo captaron en el primer piso, asomado a uno de los balcones que da a calle 51.

El objetivo de la expresidenta era quedarse con los primeros lugares de la lista del sur del conurbano, una región que el kirchnerismo considera como un bastión propio. Semanas antes, quizás consciente del fallo que caería en su contra, había anunciado por televisión que sería la candidata por la Tercera. Durante horas, Cristina buscó imponerle a Kicillof a Mayra Mendoza en el primer lugar y a Tignanelli detrás.

Massa llegó ese domingo a La Plata con pretensiones distintas. Buscaba retener para el Frente Renovador la misma cantidad de legisladores que ponía en juego. Además, debía evitar que la alianza no estallara en mil pedazos. Durante meses, el ex ministro de Economía ofició de centro receptor de las quejas de todos y fue el encargado de poner paños fríos a la interna.

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El llamado de García Blanco a Cascallares supuso el principio de la ruptura. Durante varios minutos los teléfonos dejaron de sonar y el pesimismo invadió a los negociadores.

A las 19.35 Kicillof demostró que estaba decidido a jugar a fondo y dio a Bianco la orden de avanzar. El ministro de Gobierno envió un mensaje al chat del MDF: “Armen listas propias”, escribió. El quiebre con Cristina no tenía vuelta atrás.

De inmediato se activó el operativo y los dirigentes que esperaban en el Salón Dorado dejaron los sanguchitos y el café instantáneo para ponerse a armar listas en cada punto de la provincia.

Era una movida grande. Ministros e intendentes cercanos al gobernador resolverían dentro de Casa de Gobierno las listas de las ocho secciones electorales. Mientras tanto, decenas de dirigentes debían armar las listas distritales con concejales, consejeros escolares y sus respectivos suplentes.

Por esas horas, muchos dirigentes de segunda línea, sin lugar en Casa de Gobierno, se habían instalado en los bares y hoteles de los alrededores. Esas mesas se convirtieron en oficinas circunstanciales para asesores que comenzaron a cruzar llamados para conseguir nombres. Esas listas debían resolverse en minutos, por lo que muchos llamaron a familiares directos. El objetivo era garantizar las listas completas como sea.

Pero nadie previó que esos lugares se iban a llenar de jóvenes para festejar el Día del Amigo. “Fue una locura. Intentábamos armar las listas en un bar repleto de chicas bailando. Mientras les pedía el DNI a algunos familiares me bailaban al lado minas semidesnudas y hombres perfumadísimos”, cuenta uno de los asesores.

La música explotaba, los pibes sólo querían divertirse y en el medio un grupo de dirigentes chateaba desesperado por conseguir nombres para armar listas en los 135 distritos de la provincia.

En tanto, en las oficinas contiguas al despacho de Kicillof se empezaron a armar las listas seccionales. Magario se encargaría de la lista de la Tercera en el Salón de los Acuerdos. En tanto, el despacho de Cristina Álvarez Rodríguez -en planta baja- sirvió de búnker para las firmas del resto de las secciones. Allí, el intendente de Villa Gesell, Gustavo Barrera, ordenaba los nombres en un cuaderno universitario.

Esas listas estaban integradas por axelistas puros. Por la Primera, encabezó Katopodis secundado por Victoria Onetto. En la Segunda, el primero fue Diego Nanni y en la Tercera Verónica Magario.

En la Cuarta, el primer candidato fue Germán Lago y en la Quinta, la lista la encabezó Gustavo Pulti. La lista de la Sexta iba con Alejandro Acerbo al tope, mientras que para la Séptima anotaron a Hernán Ralinqueo. Por la Octava firmó la alakista Lucía Iañez; el dirigente de telefónicos Cristian Vander y el ex juez, Luis Arias.

Semanas previas al cierre, algunas versiones daban cuenta de que Kicillof usaría Frente Grande, un partido de Mario Secco, como salvoconducto ante un eventual fracaso de las negociaciones. Sin embargo, la carta escondida del MDF fue el Partido del Trabajo y la Equidad (ParTE), una estructura electoral que pertenece a Alberto Fernández.

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Mientras tanto, Kicillof permanecía recluido en su despacho con un puñado de colaboradores atentos a la posibilidad de reflotar la alianza electoral que en ese momento había implosionado.

Los puentes con San José 1111 estaban cortados. Hubo intentos desesperados de algunos intendentes que llegaron incluso a encerrarse a oscuras en despachos de Casa de Gobierno para rosquear una salida a la ruptura.

La nueva alianza electoral era un fracaso. Habían pasado horas desde el llamado de la apoderada de Cristina a Cascallares y desde que Kicillof había ordenado a los suyos armar listas. Los intentos por parte de Massa y de algunos intendentes de reflotar el peronismo fracasaban.

De pronto, la energía eléctrica se cortó en dos puntos clave para el desarrollo del cierre de listas. El primer corte fue a las 22.48 en la Legislatura. En el primer piso del edificio del Senado donde funcionaba la sede de la Junta Electoral, el organismo que recibiría las nóminas de todos los partidos políticos que iban a competir en septiembre. Alguien comentó que los grupos electrógenos estaban con los cables rotos cuando los fueron a buscar.

Los trabajadores de la Junta se trasladaron a un edificio ubicado sobre la calle 13, a unas 25 cuadras de la Legislatura. Sin embargo, 40 minutos antes de la medianoche allí también se cortó la energía. Sin posibilidades de procesar las listas, la Justicia Electoral definió estirar los plazos hasta el lunes.

Lo que sucedió ese día con la energía eléctrica sigue siendo un misterio en La Plata. Es un secreto que sólo conocen un puñado de personas. El resto, solo sonríe ante la pregunta de quién dio la orden de cortar la luz.

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Mientras tanto, el peronismo seguía roto y Kicillof avanzaba con su armado de listas paralelas. Ese proceso dejó historias impensadas. Una de ellas fue la de Pablo Ayala, un militante de La Matanza que la vicegobernadora quiso compensar con un lugar en su lista.

Ayala publicó un relato de los hechos en Facebook que luego probablemente alguien le pidió que borre. Contó que ese sábado no se sentía bien y pasó el día en cama con fiebre, pero a las 21 recibió un llamado que lo convocaba en Casa de Gobierno para firmar como diputado provincial.

“Me levanté, tomé un cóctel de remedios y arranqué”. A las 23.30 llegó a Casa de Gobierno y lo llevaron al Salón Dorado para firmar en el decimosegundo lugar.  El dirigente desbordaba de emoción. Sintió que sus largos años de militancia en el llano eran por fin recompensados, aunque sabía que no tenía chances de llegar a la Legislatura. Con el pecho inflado, Ayala entró a la sala donde estaba la primera línea del peronismo. Magario lo invitó a firmar y el dirigente le pidió a Larroque que le tome una foto para inmortalizar el momento.

Eso enfureció a una ministra muy cercana a Kicillof que irrumpió a los gritos pidiendo que no haya fotos de las firmas. “¡¿Qué haces?! Estas listas no existen”, sentenció en el medio del salón.

Distinta fue la actitud de Álvarez Rodríguez, quien se acercaba a los dirigentes que llegaban a firmar y les explicaba, casi susurrando, que no se hagan demasiadas ilusiones porque esa lista podría morir antes de nacer. La jefa de Asesores era consciente de lo que eso implica para muchos dirigentes el hecho de integrar una lista.

Pero Ayala se fue satisfecho con su foto y con su firma. “La Plata era una explosión de bares con amigos festejándose. Volvimos a La Matanza por una Ruta 6 cubierta de niebla después de celebrar el Día del Amigo con un par de cafés en una estación de servicio de la ruta. Dos amigos me acompañaron y estaban tan felices como yo, por esa cosa peronista de la felicidad colectiva”, relató.

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En las primeras horas del domingo -y tras haber firmado las listas del axelismo puro- los dirigentes del Movimiento al Futuro dejaban la Casa de Gobierno. Al cruzar el portón de hierro se chocaban con el mundo real: los pibes festejando con música y abrazos. Muchos se retiraron zigzagueando entre grupitos de amigos por el boulevard de calle 51.

Mientras tanto, los puentes se reactivaron entre el despacho de Kicillof y San José 1111. El acuerdo empezaba a allanarse. Cristina aceptaba que Kicillof se quede con el primer lugar en las listas de la Primera y la Tercera, pero debería relegar varios lugares para La Cámpora y el massismo en el resto de las secciones.

Ya entrada la madrugada dejaron trascender un primer borrador del acuerdo. Katopodis y Malena Galmarini encabezarían la lista del norte del conurbano. Magario se quedaría con la Tercera Sección, pero secundada por los camporistas Tignanelli y Mayra.

La Segunda también sería para Axel. El primer lugar sería para Diego Nanni y el segundo para la camporista Evelyn Yanz. La Cuarta quedaría para el camporista Diego Videla, seguido por la massista Valeria Arata y el axelista Germán Lago.

La Quinta la encabezó la camporista Fernanda Raverta, seguida por Jorge Paredi y María Laura García. Ella responde a Massa y Paredi al MDF, aunque este último se quedó con ese tercer lugar a instancias de Katopodis, no de Kicillof.

La lista de la Sexta volvería a quedar para La Cámpora. Alejandro Dichiara -un dirigente alineado a Martín Insaurralde, pero muy cercano a Máximo Kirchner- encabezó seguido por la camporista Maite Alvado. En ese territorio del sur bonaerense, algo refractario al peronismo, hubo fuerte malestar con el cierre por parte de intendentes que jugaron fuerte con Kicillof.

Las listas de la Séptima y la Octava también quedaron para el kirchnerismo. En la Séptima el primer lugar fue para Inés Laurini, seguida por el massista Marcos Pisano. En la Octava encabezó Ariel Archanco, seguido por la axelista Lucía Iañez.

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Con los primeros nombres de cada sección acordados, la alianza electoral resurgía de entre las cenizas y la cúpula del peronismo volvía a respirar. Gracias al corte de luz, ahora había tiempo hasta el lunes para seguir trabajando en el resto de los nombres.

El domingo se cruzaron algunos llamados pero la rosca final se dio el lunes por la mañana en la Legislatura. Los nombres se cerraron en la presidencia de Diputados.

Pero ese lunes, cuando parecía que volvía cierta calma al peronismo, volvió a dispararse otra crisis. Es que ese día, pese a que el acuerdo se había logrado, Kicillof presentó sus listas puras en la Junta Electoral.

Fuentes del axelismo aseguran desconocer qué pasó. No está claro si el gobernador desconfiaba del cierre con Cristina y Massa, si fue inexperiencia por parte del armado político de Casa de Gobierno o si fue una jugada del entorno de Kicillof para llevar al peronismo a la ruptura total.

Lo cierto es que por la tarde, hubo intentos desesperados de bajar esas listas. El problema era que varios candidatos (Magario, Katopodis, Nanni, Iañez) aparecían ahora en dos listas y corrían el riesgo de ser impugnados por la Justicia Electoral.

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Cristina -pese a no lograr el primer lugar en la lista de la Tercera- consiguió más de lo que se esperaba. Incluso se quedó con varios lugares en el sur de la provincia, un territorio refractario a La Cámpora. El cierre le permitiría a Máximo consolidar su poder en la Legislatura, un contrapeso en la interna con Kicillof.

A Massa le fue mejor de lo que se preveía y no solo retuvo lo que tenía en Diputados, si no que pasó de contar con una banca en el Senado a quedarse con tres para el Frente Renovador.

En tanto, Kicillof cedió a La Cámpora más lugares de los que imaginaba su armado político en los días previos. Sólo peleó por Magario y Katopodis. El resto del axelismo tuvo lugar en las listas por gestiones de referentes como el Cuervo Larroque, Cascallares o, incluso, el propio Katopodis.

Quizás el mayor triunfo del gobernador fue haber negociado de igual a igual con Cristina, su ex jefa política. Logró fijar las condiciones del cierre y se impuso como un nuevo actor con voz y voto en el peronismo.

A los pocos días, Kicillof arrancó la campaña en el sur del conurbano acompañado por Magario y Cascallares. Más tarde estuvo en la primera junto a Katopodis. La Cámpora caminó el conurbano por separado, con Mayra y Tignanelli como principales espadas.

Esa madrugada caótica de julio, el peronismo consiguió recomponerse después de varias horas durante las cuales todo pareció roto. Pero aquella paz duró poco. Las tensiones reaparecieron apenas pasadas las elecciones y hoy la unidad se sostiene más por necesidad que por convicción.

Al menos hasta el próximo cierre de listas.

Fotos: AG.