Las esquirlas del estallido en el Senado dejan heridas a un peronismo magullado

La gestión de las tensiones en el oficialismo bonaerense no garantiza la paz y tampoco promete estabilidad. El nuevo capítulo en la Legislatura reafirma que no hay una jefatura unificada y se reiteran los señalamientos contra el accionar de Axel Kicillof.

El peronismo expuso esta semana una nueva interna, otra vez por la disputa de poder en el Senado bonaerense. El kirchnerismo y el Frente Renovador pusieron a la vicegobernadora, Verónica Magario, como blanco de las críticas. Sin embargo, desde el kicillofismo valoraron la tarea de la matancera y sacaron pecho tras un cierre de semana que consideraron a su favor.

El detonante de la crisis llegó el lunes, cuando la presidenta de la Cámara alta firmó el decreto con la integración de todas las comisiones, salvo la de Reforma Electoral. La decisión abrió un conflicto inmediato por el reparto de poder en tres áreas sensibles: Legislación General, Asuntos Constitucionales y Acuerdos (ACA) y Presupuesto.

Aunque formalmente cada comisión debe votar a sus autoridades, en la Legislatura rige una lógica tácita: quien aparece primero en la nómina queda encaminado a ocupar la presidencia. Por eso, en Legislación General quedó ubicado Germán Lago (MDF); en ACA, Malena Galmarini (FR); y en Presupuesto, Emmanuel González Santalla (LC).

La publicación del decreto cayó como una bomba dentro del oficialismo porque tanto el Frente Renovador como La Cámpora —según trascendió— habían trasladado previamente otras pretensiones para la integración de las comisiones. Como contó la periodista María Belén Robledo, el encargado de canalizar esos pedidos fue Sergio Berni, presidente del bloque oficialista, quien había solicitado a los 23 senadores que enviaran sus preferencias, pero alertó que cuatro integrantes del kicillofismo no respondieron al requerimiento.

El problema fue que el listado elevado a Magario no coincidió con lo finalmente publicado, ya que el massismo pretendía quedarse con Legislación General a través de Galmarini, mientras que La Cámpora buscaba sostener el control de ACA. Esta última comisión es más que preciada, ya que canaliza los pliegos judiciales en un contexto en el que se espera el nombramiento de jueces de la Corte bonaerense y de unos 200 magistrados y funcionarios judiciales más.

En medio de los tironeos, circuló con fuerza en los pasillos legislativos la idea de que si el massismo controla Legislación General se terminará de clausurar cualquier posibilidad de avanzar con el regreso de las reelecciones indefinidas para intendentes. Del mismo modo, otros advirtieron que sin La Cámpora al frente de ACA los nombramientos judiciales podrían quedar prácticamente congelados hasta 2028.

La tensión escaló el jueves durante una extensa reunión de bloque en el palacio legislativo. El encuentro duró más de tres horas y estuvo atravesado por reproches y cruces entre los distintos sectores del oficialismo. Al finalizar, predominó el hermetismo y casi todos los presentes prefirieron no hablar con el periodismo sobre el conflicto. Los pocos que hablaron evitaron entrar en polémicas.

El viernes terminó de cristalizar el nuevo escenario con la Comisión de Legislación General, que realizó su primera reunión y eligió como presidente a Germán Lago. El dato político estuvo en los gestos internos ya que el camporista Diego Videla estuvo presente en el Senado, pero decidió participar del encuentro de manera virtual y luego se abstuvo al remarcar que lo votado “no había sido acordado” dentro del bloque oficialista. Federico Fagioli, alineado con Juan Grabois, directamente no asistió. La secuencia dejó una imagen elocuente de la fragmentación que atraviesa al peronismo bonaerense en la Legislatura.

En este contexto, los cuestionamientos a la presidenta del Senado también forman parte de un misil teledirigido hacia Axel Kicillof. Hay voces que aseguran que la matancera “le miente al Gobernador en muchas cosas y que eso repercute sobre la figura él”.

El punto del conflicto se encuentra en el presunto incumplimiento de acuerdos por parte del Movimiento Derecho al Futuro (MDF). Se trata de una situación que no es la primera vez que aparece en los pasillos del parlamento y por la que responsabilizan al kicillofismo ante la imposibilidad de avanzar en consensos.

Desde las filas que responden directamente al Poder Ejecutivo no se hacen eco de las acusaciones y niegan la existencia del supuesto entendimiento entre las partes, tal como lo explican tanto otras terminales del oficialismo como algunas de la oposición. El entuerto no hace más que exponer la disputa de poder al interior de un peronismo cada vez más fragmentado.

Sin una jefatura única ni liderazgos ampliamente legitimados, el triángulo que sostiene al frente de gobierno bonaerense expone tensiones que hacen pensar que la ruptura puede estar cerca en la Legislatura. No obstante, ninguno de los sectores cruza la delgada línea roja y todo se resume en un “se dobla, pero no se rompe”.

Mientras el gobierno de Javier Milei atraviesa su peor momento desde que asumió, el peronismo en la provincia de Buenos Aires no logra mostrar solidez entre todos sus campamentos. De hecho, el justicialismo no consigue salir de un loop de rencillas y pases de factura inconducentes.

El estallido de esta semana hizo recordar a más de uno la gran batalla que se dio en febrero por la elección de autoridades. En aquel entonces, Mario Ishii fue elegido como vicepresidente primero con el impulso del kirchnerismo y la negativa del kicillofismo. En el Ejecutivo plantearon que se trató de una acción rupturista, pero desde La Cámpora insistieron en que había sido acordada con el propio Kicillof.

La pelea por las comisiones dejó además una señal difícil de ocultar porque la convivencia interna del oficialismo depende cada vez más de equilibrios precarios y de acuerdos que duran apenas unas horas. En la Legislatura ya nadie descarta nuevos episodios de tensión y varios dirigentes reconocen que la disputa por el control político del Senado apenas atraviesa otro de sus capítulos.